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Epílogo del régimen bolivariano
🪐 Muertos por protestas en Irán; asume el primer alcalde musulmán en NYC y Flávio Bolsonaro será candidato en las próximas elecciones.
Desde nuestra órbita, una mirada al mundo.
El 5 de enero de 2016, en Caracas, la oposición asumía el control de la Asamblea Nacional de Venezuela tras obtener una mayoría calificada en las elecciones parlamentarias. Aquel día marcó un quiebre en el ciclo político del chavismo y abrió un conflicto institucional prolongado. Este fin de semana, la captura relámpago de Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses aparece como el desenlace extremo de ese quiebre, al trasladar la crisis venezolana al terreno del poder geopolítico y la aplicación extraterritorial de la ley. De eso hablaremos en el eje central de hoy.
Hoy, además, vamos a contarte:
Muertos por protestas en Irán;
Asume el primer alcalde musulmán en NYC;
Flávio Bolsonaro será candidato en las próximas elecciones.
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EJE CENTRAL
El epílogo del régimen bolivariano

En unos pocos segundos…
EE. UU. captura a Maduro en una operación relámpago. Fuerzas estadounidenses realizaron una incursión limitada en Caracas que terminó con la detención y traslado a Nueva York de Nicolás Maduro y Cilia Flores, para ser juzgados por narcotráfico y lavado. Washington presentó la acción como quirúrgica, sin ocupación ni guerra abierta.
Un precedente extremo: aplicación extraterritorial de la ley. La decisión de Donald Trump rompe con la lógica tradicional de sanciones y presión diplomática y plantea a EE. UU. como juez y ejecutor fuera de sus fronteras. El método tensiona normas básicas de soberanía y envía una señal directa a otros regímenes hostiles.
Transición incierta y efectos regionales. La caída de Maduro abre una disputa interna por el poder, fragmenta a América Latina y reconfigura expectativas sobre el petróleo venezolano. El riesgo clave es si la extracción del líder se traduce en gobernabilidad o deriva en inestabilidad prolongada con impacto migratorio y energético.
¿Qué pasó?
En la madrugada del sábado, fuerzas estadounidenses ejecutaron una operación militar limitada y altamente coordinada en Caracas y sus alrededores que culminó con la captura de Nicolás Maduro y de su esposa, Cilia Flores, quienes fueron extraídos del país y trasladados bajo custodia a la Ciudad de Nueva York para enfrentar cargos en tribunales federales estadounidenses. Horas antes de que se confirmara oficialmente la detención, residentes y medios locales reportaron múltiples explosiones, sobrevuelos de aeronaves y movimientos inusuales en distintos puntos de la capital, compatibles con ataques selectivos sobre infraestructura y objetivos militares, con cortes parciales de energía en algunas zonas.
Según la versión estadounidense, el objetivo fue neutralizar el núcleo del poder presidencial y evitar una escalada militar mayor, apostando a la sorpresa y a la velocidad para minimizar víctimas y daños colaterales. El presidente Donald Trump confirmó públicamente la captura y sostuvo que Maduro será juzgado en EE.UU. por delitos vinculados al narcotráfico, lavado de dinero y conspiración criminal, bajo la figura de “narco-terrorismo”.
En paralelo, Trump afirmó que Estados Unidos administraría o conduciría de manera transitoria la transición venezolana, sin precisar el marco institucional, los plazos ni el grado de involucramiento directo sobre el territorio. La ambigüedad del anuncio dejó abiertos interrogantes centrales sobre gobernabilidad, control de la fuerza y articulación con actores internos, en un país donde el aparato estatal, judicial y militar ha estado durante años bajo control del chavismo.
Desde Caracas, figuras del oficialismo denunciaron una agresión ilegal y una violación de la soberanía nacional, y rechazaron la legitimidad del procedimiento. Al mismo tiempo, se abrió de inmediato una disputa por la sucesión: la vicepresidenta Delcy Rodríguez reclamó el interinato, denunció el “secuestro” de Maduro y buscó preservar la continuidad institucional del régimen. La comunidad internacional reaccionó de forma fragmentada, oscilando entre condenas por la ilegalidad de la operación y celebraciones explícitas por el éxito del operativo y la caída de un líder ampliamente cuestionado.
¿Por qué importa?
• EE.UU. como policía y juez fuera de sus fronteras. Más allá del debate sobre Maduro, el punto de quiebre es el método: una potencia ejecuta un operativo para capturar a un jefe de Estado y trasladarlo a su territorio para ser juzgado sin necesidad de un golpe de Estado o una operación militar de gran escala. Eso corre el eje desde “presión diplomática/sanciones” a una lógica de aplicación extraterritorial de la ley por la fuerza, con una señal que trasciende Venezuela y alerta a Teherán, La Habana, Pyongyang.
• La situacion es distinta a otras intervenciones. Trump afirmó que EE.UU. “administraría” Venezuela temporalmente, pero al mismo tiempo no está claro cómo se controla un Estado cuyo aparato (instituciones, coerción, burocracia) ha estado fuertemente capturado por el oficialismo y fuerzas armadas leales, ni qué rol real tendrán actores internos (alto mando militar, aparato de seguridad, tribunales) y externos (Rusia, Cuba, Irán). El gran interrogante: EE.UU. anuncia dirección política pero no aún no hay claridad sobre el mecanismo de gobernanza ni el “puente” entre extracción de Maduro y control efectivo del territorio.
• Cuestionamientos sobre la legalidad. La legalidad de la captura de Maduro expone un trade-off central entre soberanía y eficacia que Washington asume explícitamente: desde el derecho internacional clásico, la operación vulnera el principio de no intervención y la prohibición del uso de la fuerza sin autorización del Consejo de Seguridad de la ONU; desde la óptica estadounidense, en cambio, no se trataría de un “cambio de régimen” sino de una acción de aplicación de la ley contra un individuo acusado en tribunales federales por delitos transnacionales (narcotráfico, lavado, conspiración) con efectos directos sobre la seguridad y el sistema financiero de EE.UU., cometidos —según esa tesis— desde un Estado que dejó de cooperar y no ofrece garantías judiciales.
¿Cómo impacta?
• A nivel global. Venezuela posee las mayores reservas probadas de petróleo del mundo, y la caída de Maduro reconfigura expectativas sobre sanciones, licencias y acceso a esos recursos. Trump dejó en claro su interés en reactivar rápidamente el sector petrolero venezolano con empresas estadounidenses o aliadas, lo que introduce una nueva variable en los mercados globales de energía. Países importadores observan con cautela la posibilidad de una mayor oferta a mediano plazo, mientras potencias como China y Rusia, con intereses económicos previos en Venezuela, evalúan cómo preservar influencia en un escenario en transformación.
• En América Latina. La región quedó profundamente fragmentada en su respuesta: mientras algunos gobiernos rechazaron en términos firmes la intervención militar unilateral y llamaron a una salida multilateral respetuosa de la soberanía, otros interpretaron la caída de Maduro como una oportunidad para destrabar un cambio de régimen largamente bloqueado. Brasil y México calificaron la operación como una violación del derecho internacional y un precedente peligroso, y pidieron diálogo y soluciones pacíficas; Chile y Uruguay también expresaron preocupación por la soberanía, aunque con un tono más moderado, mientras que distintos actores políticos regionales celebraron el fin del régimen chavista.
• En Argentina. Milei celebró de forma entusiasta la captura de Maduro, manteniendo su alineación explícita con Washington y enmarcando el hecho como un triunfo de la libertad sobre el autoritarismo. Esta postura contrasta con la de la mayoría de los gobiernos regionales, más cautos en términos de soberanía y legalidad internacional. En el plano económico, el reposicionamiento del petróleo venezolano introduce un nuevo factor para Argentina: una Venezuela reintegrada al mercado energético puede reordenar inversiones, precios y flujos de capital, con efectos indirectos sobre expectativas en Vaca Muerta, tanto por competencia como por cambios en el interés estratégico de EE.UU. en la región.
¿Cómo sigue?
En las próximas 48 a 72 horas, el eje estará en quién controla la fuerza y cómo se estructura una transición mínimamente gobernable. Delcy Rodríguez emerge como figura de continuidad institucional del chavismo, intentando preservar el aparato del régimen sin Maduro.
El secretario de Estado remarcó que Washington está dispuesto a trabajar con Delcy Rodríguez siempre que “tomen las decisiones correctas”, ya que la gran mayoria de la oposición no esta en Venezuela y hay asuntos que deben tratarse a corto plazo. En paralelo, María Corina Machado, reclamó que la salida de Maduro debe conducir rápidamente a una transición democrática, con elecciones libres y sin reciclaje del viejo poder. Machado sostuvo que la captura “no puede derivar en una administración tutelada ni en un chavismo sin Maduro”, y exigió que se respete el mandato popular expresado en 2024 con Edmundo González Urrutia como presidente.
Nuestra mirada en ÓRBITA:
La operación en Venezuela vuelve a poner en evidencia una verdad incómoda pero estructural del orden internacional: el derecho internacional opera de manera sustancialmente distinta al derecho interno de los Estados. Su sistema de premios y castigos y consecuente enforcement es descentralizado, fragmentario y dependiente del poder relativo de quienes lo invocan. Es un sistema más primitivo, que funciona simultáneamente como horizonte normativo y como apología del poder realmente existente; como mecanismo de coordinación y cooperación en contextos de intereses convergentes y, sobre todo, como lenguaje de legitimación. En ese esquema, las represalias y los incentivos no los administra una autoridad imparcial, sino actores estatales con capacidad material para imponerlos. Como en toda estructura sin monopolio de la fuerza, el peso efectivo recae en los más fuertes. En este caso, Estados Unidos.
Por eso, calificar la captura de Nicolás Maduro como “legal” o “ilegal” dice poco por sí mismo. En un sistema esencialmente anárquico, la legalidad no opera como un límite infranqueable, sino como una variable más del cálculo político. El derecho internacional acompaña al poder, le impone costos reputacionales, ordena narrativas y puede facilitar o dificultar la formación de coaliciones, pero rara vez determina por sí solo el curso de acción. La soberanía, en este marco, no es un escudo absoluto, sino una ficción sostenida por capacidad material: cuando esa capacidad se erosiona, la protección jurídica también lo hace.
Desde esta perspectiva, la acción de Estados Unidos no constituye una anomalía, sino una manifestación explícita de cómo funciona el sistema cuando los mecanismos habituales —sanciones, negociaciones, mediación multilateral— se agotan o resultan inviables. Venezuela ya había probado prácticamente todas las vías disponibles: movilizaciones masivas, procesos electorales, presión diplomática, aislamiento económico, diáspora. A esta altura, la disyuntiva que se había consolidado era cruda: continuidad indefinida del régimen o intervención externa. Quienes hoy cuestionan el método rara vez explicitan una alternativa plausible para quebrar un status quo que demostró, durante años, su capacidad de sobrevivir a cualquier forma de presión incremental. En este sentido, lo central del caso venezolano no era la pureza del procedimiento, sino romper la inercia.
En este sentido, el discurso de Donald Trump debe leerse, ante todo, en clave doméstica. Su énfasis en seguridad nacional y recursos —y no en democracia— apunta a contener a un sector del electorado republicano cada vez más escéptico de las aventuras internacionales. Esa tensión atraviesa hoy a la derecha estadounidense y se refleja en disputas internas visibles, como la que enfrenta a figuras como Marco Rubio y J.D. Vance.
Trump, además, cultiva deliberadamente una estética de poder sin complejos. Reivindica una imagen casi nostálgica de Estados Unidos como actor dispuesto a intervenir por intereses materiales y no muestra reparos en decirlo abiertamente. Cuando habla de “ir por el petróleo”, sin embargo, no alude a un saqueo en sentido clásico, sino a esquemas de apertura económica y control estratégico más cercanos a un RIGI que a una lógica de ocupación y extracción. Sus declaraciones sobre “gobernar” Venezuela deben leerse en esa misma clave hiperbólica: Trump tiende a sobreactuar el alcance de sus decisiones. Ya lo hizo con Gaza y lo vuelve a hacer ahora. El patrón es consistente: intervenciones puntuales, tácticamente planificadas, combinadas con una notoria indefinición —cuando no desinterés— respecto del día después.
En el día después, justamente, es donde posa el debate más interesante para evaluar la conveniencia y efectividad de la operación estadounidense. La transición venezolana será difícil, lenta y plagada de riesgos. Nadie serio debería romantizarla. El país arrastra colectivos armados con control territorial, presencia de actores armados extranjeros, servicios públicos colapsados, una economía profundamente informalizada y una estructura estatal degradada en redes criminales.
Aun así, hay razones para un moderado optimismo que distinguen a Venezuela de otros escenarios de colapso. El país cuenta con una tradición democrática y republicana sólida, una sociedad civil instruida y con capacidad de movilización política, una diáspora calificada con voluntad de retorno y, sobre todo, la ausencia de fracturas étnicas o religiosas profundas, uno de los factores que más complicó las transiciones en casos como Irak o Siria. A esto se suma un dato político de peso excepcional: la oposición ganó con claridad las elecciones de 2024. Nada de esto garantiza el éxito, pero el peor escenario para Venezuela y para la región no es una transición compleja, sino la continuidad indefinida de un régimen que convirtió al Estado en una empresa criminal.
VUELTA AL MUNDO

🇾🇪 🇸🇦 🇦🇪 Separatistas del sur de Yemen apoyaron el llamado de Arabia Saudita al diálogo tras los recientes combates. Emiratos Árabes Unidos retiró sus tropas del este del país, fortaleciendo a las fuerzas respaldadas por Riad. Arabia Saudita recuperó el control del puerto de Mukalla y busca evitar una mayor ruptura dentro de la coalición.
🇮🇷 Las protestas por la crisis económica en Irán ya dejaron al menos 16 muertos y cientos de detenidos, según organizaciones de derechos humanos. El líder supremo Ali Khamenei aseguró que el país “no cederá ante el enemigo” y ordenó endurecer la represión contra los manifestantes. La tensión escaló tras amenazas de Trump de apoyar a las protestas.
🇨🇭Suiza investiga un incendio ocurrido durante Año Nuevo en un bar del centro de esquí, que dejó al menos 40 muertos y 115 heridos. Las autoridades investigan el hecho como un accidente, con la hipótesis de que una vela prendió el techo de madera.
🇺🇦 🇷🇺 Zelensky reiteró que no firmará un acuerdo de paz “parcial”, en medio de una nueva ola de ataques rusos contra ciudades ucranianas. Moscú intensificó los bombardeos mientras consolida sus mayores avances territoriales desde 2022, con más de 5.600 km² ocupados en 2025.
🇺🇸 Zohran Mamdani asumió como nuevo alcalde de Nueva York con una agenda enfocada en la asequibilidad, que propone bajar alquileres, ampliar el cuidado infantil y avanzar hacia el transporte público gratuito. Su plan enfrenta fuertes desafíos fiscales y la necesidad de negociar apoyos con el sector empresarial y el Concejo Municipal.
GRAVITANDO EN AMÉRICA LATINA

🇧🇷 El expresidente Jair Bolsonaro respaldó la candidatura presidencial de su hijo Flávio para 2026. El apoyo agitó el escenario político y sorprendió a los mercados, que esperaban que impulsara a un candidato más moderado dentro de la derecha.
🇧🇴El gobierno de Bolivia aprobó un decreto que permite al presidente Rodrigo Paz gobernar desde el exterior, en medio de fuertes tensiones con su vicepresidente. La medida llega antes del primer viaje internacional de Paz y profundiza la disputa interna en el Ejecutivo.
🇲🇽 🇨🇳 México aplicará desde este jueves nuevos aranceles de hasta 35% a importaciones de países sin tratado de libre comercio, con fuerte impacto sobre China. La medida busca proteger el empleo local y reforzar la producción interna. Analistas señalan que también alinea a México con la política comercial de EE.UU. antes de la revisión del acuerdo USMCA.
GRÁFICO DEL DÍA
El mapa global de las reservas de petróleo

Las mayores reservas probadas de petróleo se concentran en un puñado de países, en su mayoría miembros de la OPEP. Venezuela encabeza el ranking global, seguida por Arabia Saudita e Irán, lo que refuerza el peso estratégico del cartel en el equilibrio energético mundial y en la política internacional.
Start learning AI in 2025
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